Champagne DOM PERIGNON

Champagne DOM PERIGNON

Dom Pérignon es mucho más que un champán. Es un icono del lujo, es filosofía de vida, tiempo de espera, artesanía, leyenda, realidad. Es más, este monje benedictino, del que se dice que era ciego, fue el descubridor de los vinos espumosos y vivió con la única obsesión de elaborar el mejor vino mundo.

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Dom Pérignon es mucho más que un champán. Es un icono del lujo, es filosofía de vida, tiempo de espera, artesanía, leyenda, realidad. Es más, este monje benedictino, del que se dice que era ciego, fue el descubridor de los vinos espumosos y vivió con la única obsesión de elaborar el mejor vino mundo. Se le considera el padre espiritual de este vino. Dom Pierre Pérignon nació en 1638 y vivió prácticamente toda su vida en la abadía de Hautvillers (en la montaña de Reims, Francia), dónde a los 30 años consiguió el cargo de chef de cave. Su puesto era uno de los de mayor importancia, ya que los monjes cobraban gran parte de los diezmos en uvas con las que fabricaban vino, una de sus fuentes de financiación. Quiso pasar a la historia por hacer el mejor espumoso del mundo y se dedicó a investigar todos los pasos del proceso de vinificación. Creó todo un extenso tratado de elaboración que abarcaba desde el cuidado de las viñas hasta la fermentación. Hasta entonces, el vino de champán se consumía en el año, ya que era imposible conservar las botellas más tiempo porque explotaban a causa de la concentración de gas carbónico. La situación llegó a ser tan preocupante que el rey de Francia prohibió el traslado de este tipo de botellas por los caminos, de manera que la única forma de hacer llegar este vino tan apreciado a la Corte era en barriles, con la consiguiente pérdida de burbujas. Dom Pérignon creó la segunda fermentación directamente en la botella, lo que permitía controlar la cantidad de gas carbónico que se generaba y producía un vino con gas, evitando que las botellas explotasen. Lo único que le faltaba para redondear su descubrimiento era un tapón adecuado, aportación que, según cuenta la leyenda, se atribuye a los monjes españoles del monasterio en Sant Feliu de Guíxols (Gerona), a los que visitó en alguna ocasión. Allí vio que utilizaban el corcho para taponar sus cantimploras. Enseguida, el vino de Dom Pérignon se hizo famoso entre la Corte de Luis XIV, hasta el punto de que una botella era cuatro veces más cara que el resto de vinos de champán. Ahí comenzó una cotización, imparable hasta el día de hoy.